Magaly Ethel Campos Motta y Rosa Cecilia Gaita Iparraguirre
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fundamentales de la Teoría del Capital Humano y con la visión tradicional señalada en la introducción,
donde la educación es considerada un mecanismo clave para aumentar la empleabilidad (Gaviria &
Quingua, 2015). En el distrito de Ascensión, la inversión en educación, medida por los años de estudio,
sí funciona como un factor protector directo contra el desempleo abierto. Este resultado es consistente
con los hallazgos de Caldera (2020), quien demostró que el capital humano impacta negativamente la
probabilidad de desocupación en economías en desarrollo.
Si bien nuestros resultados establecieron una relación protectora, el contexto de Huancavelica,
caracterizado por altos niveles de pobreza y un mercado laboral dominado por la informalidad (INEI,
2023), sugiere que este efecto protector debe ser interpretado con cautela. La alta reducción en el
desempleo podría no traducirse necesariamente en un empleo de alta calidad o plenamente ajustado a la
calificación. Esta interpretación es crucial, ya que los estudios de Sánchez (2022) indican que la
influencia de la educación en la calidad del empleo depende de factores de conversión como la condición
de pobreza. En el contexto de Ascensión, es probable que la educación permita evitar el desempleo
abierto, pero obliga a los egresados a aceptar empleos precarios o subempleo dentro del vasto sector
informal, donde su alta cualificación no genera los retornos esperados, lo que se conoce como
sobreeducación (Pérez, 2023).
Los antecedentes señalaron que, a nivel global, ha crecido la asociación entre el paro y los estudios,
reflejando una disociación entre la lógica del sistema educativo y la lógica laboral (Funcas, 2023). En
Ascensión, la distribución de la población (Tabla 4) muestra que el 26.7% posee más de 16 años de
formación académica (nivel superior), lo que indica una alta dotación de capital humano. Sin embargo,
si bien este grupo tiene menor probabilidad de desempleo, su inserción se da en un mercado que, por su
naturaleza informal y limitada (INEI, 2023), no ofrece suficientes puestos formales acordes a esa
formación. Esto es especialmente relevante a la luz del análisis de la OCDE (2023), que subraya la
problemática del desajuste de habilidades como un motor del desempleo estructural, incluso entre
graduados. Esta situación sugiere que la disociación podría manifestarse no tanto en el desempleo
abierto, sino en el subempleo por cualificación, un fenómeno no capturado directamente por el modelo
LOGIT enfocado solo en la dicotomía empleo/desempleo. La baja calidad institucional de la oferta
educativa (Mendiola, 2020) podría exacerbar esta desconexión, produciendo titulados sin las
competencias reales del mercado local.
La estructura de la población encuestada (Tabla 4) mostró una concentración en los tramos intermedios
de formación (12-15 años: 28,6% y 7-11 años: 28,3%). Aunque el modelo LOGIT es general, los
estudios de García (2024) y Ruiz y Torres (2024) enfatizaron que los niveles formativos más bajos son
los que enfrentan una creciente precariedad y un mayor impacto negativo ante las crisis. En Ascensión,
la educación básica y técnica parece ser el umbral crítico para evitar la marginalidad laboral absoluta,
ya que el paso de 0-3 años a 7-11 años (o más) genera el mayor salto en la reducción del riesgo de
desempleo. López (2022) refuerza esta idea al identificar que, en zonas rurales y semiurbanas de Perú,
la calidad de la educación básica y técnica tiene una elevación más fuerte con la reducción del desempleo
que la universitaria. Además, Gómez (2021) observar que la educación técnica exhibe una mejor
compensación a corto plazo con la reducción del desempleo en sectores productivos, lo que sugiere que
fortalecer este tramo formativo es vital para la empleabilidad local.
La literatura resaltó que la falta de adaptación de la formación profesional a las demandas es una
debilidad estructural (García, 2024) y que la formación flexible se convierte en el principal seguro contra
el paro (Morales, 2021). Nuestros resultados, al confirmar el valor protector de la educación en general,
refuerzan la necesidad de que los programas educativos en Ascensión se centren en la adaptabilidad y
la pertinencia para el mercado local. El alto número de egresados con formación superior debe ser
complementado con habilidades que les permitan desempeñarse eficientemente en un entorno laboral
con un alto componente de emprendimiento y actividad informal, mitigando la frustración que Méndez
y Rojas (2022) notaron en los estudiantes que no encuentran trabajo a pesar de su escolaridad. La
adaptación curricular es urgente, especialmente considerando la advertencia del Banco Mundial (2024)
sobre el desplazamiento de empleos de baja cualificación por la automatización, haciendo
imprescindible la inversión en habilidades digitales y blandas.