Los resultados de este estudio revelaron que no existe una correlación estadísticamente
significativa entre el desempeño del docente tutor y las actitudes hacia el estudio en los estudiantes
(ρ = 0.082, p > .05), incluyendo las dimensiones específicas de dominio personal con autoestima y
dominio profesional con concepción educativa. Este hallazgo plantea una serie de reflexiones que
deben analizarse desde dos perspectivas principales: la coherencia con los marcos teóricos sobre la
tutoría y su influencia, y la interpretación en el contexto de la evidencia empírica reciente tanto a
nivel internacional como peruano.
Desde un enfoque teórico, la literatura sostiene que la tutoría debe ser un proceso de
acompañamiento socioafectivo y cognitivo, que promueve actitudes positivas hacia el aprendizaje,
la motivación y el fortalecimiento de la autoestima (MINEDU, 2024). Sin embargo, la simple
presencia de horas de tutoría o una percepción favorable del desempeño docente no garantizan la
aplicación de prácticas tutoriales de alta calidad, capaces de transformar las actitudes y creencias
de los estudiantes. En nuestro contexto peruano, las directrices recientes enfatizan la necesidad de
gran planificación, formación docente especializada y monitoreo para que la tutoría cumpla sus
funciones formativas, preventivas y de apoyo socioemocional (Dirección Regional de Educación
Junín, 2025).
La evidencia empírica actual apoya que la efectividad de la tutoría depende en gran medida
de la intensidad, la personalización, y la calidad del diseño de las intervenciones (Obispo et al.,
2025). Estudios a nivel internacional muestran que los programas de “high-impact tutoring”, que
incluyen instrucción uno a uno o en grupos pequeños, logran mejores resultados académicos y
cambios actitudinales positivos. Sin embargo, en muchas ocasiones, los efectos son moderados o
nulos cuando la implementación no es rigurosa, se limita la formación de los tutores o se carece de
un seguimiento sistemático (García et al., 2024).
En el estudio, las horas de tutoría se concentraron en actividades de recuperación y tareas
administrativas, en lugar de en intervenciones socioafectivas y formativas, lo que limita el impacto
en las actitudes y motivación de los estudiantes. La literatura sugiere que esto reduce
significativamente la posibilidad de generar cambios en disposiciones hacia el aprendizaje (Pérez
et al., 2023). Además, la insuficiente formación del docente tutor, la falta de coaching y la escasa
supervisión contribuyen a que la tutoría no sea efectiva en promover actitudes positivas, como
también lo reportan diversos estudios nacionales e internacionales (Yañez Hodgson, 2021).
Igualmente, factores externos al aula, tales como condiciones familiares, clima escolar, y
prácticas evaluativas centradas en la memorización, actúan como moderadores o enmascaradores
de la relación entre desempeño del tutor y actitudes estudiantiles. Aunque los cuestionarios
mostraron alta confiabilidad, la validez para captar la complejidad de las actitudes, que son
multidimensionales y dinámicas, podría mejorarse mediante instrumentos longitudinales y
enfoques mixtos (Saltos, 2018).
Comparando con otros estudios, los resultados aquí presentados difieren de investigaciones
previas en contextos similares, donde sí se encontró una relación significativa entre la calidad de
la tutoría y los cambios en actitudes y rendimiento académico (Torres, 2023; García et al., 2024).
La discrepancia puede atribuirse a la baja calidad y focalización de la tutoría en esta muestra,
junto a condiciones institucionales y sociales que limitan su efecto. La evidencia vigente indica que
la efectividad tutorial no solo depende de la existencia formal de tutorías, sino de su diseño,
capacitación, y fidelidad de implementación, aspectos que deben priorizarse en las políticas
educativas (Salto, 2018).