INTRODUCCIÓN
La educación ha experimentado transformaciones significativas a lo largo de la historia,
desde la Educación 1.0 caracterizada por la transmisión unidireccional de conocimientos, hasta la
Educación 4.0 que integra tecnologías digitales y enfoques personalizados de aprendizaje (Halili,
2019). En la actualidad, encontrándonos en el umbral de una nueva era: la Educación 5.0,
caracterizada por la integración profunda de la Inteligencia Artificial Generativa (GenAI) como
participante activo en los procesos de enseñanza-aprendizaje (Chen et al., 2020): Una nueva
realidad. Así, a finales del año 2022, la inteligencia artificial irrumpió en la vida de la comunidad
académica en la forma de ChatGPT, y en seis meses, había cientos de servicios basados en la
interacción con grandes modelos de lenguaje. A pesar de que, en la década de 2000, ya comenzaron
a publicarse en inglés debates académicos sobre la inteligencia artificial en la educación, su notable
activación tuvo lugar tras la aparición de un producto de una empresa pequeña denominada
OpenAI. A veces, tales tecnologías se llaman “herramienta”, “servicio”, “solución informática”,
“asistente” o, con más frecuencia en el habla y la escritura, “inteligencia artificial generativa”
(GenAI). (Rafikova, & Voronin, 2025; Loayza, 2024).
En los últimos años, la comunidad académica ha reconocido la irreversibilidad, la
inevitabilidad y la radicalidad de los cambios en la educación superior dentro de la era de la
inteligencia artificial (Amer, & Elboghdadly, 2024). Por un lado, la inteligencia artificial todavía
no está dotada de subjetividad; sin embargo, ya no se puede considerar como un medio de actividad,
debido a la capacidad de un algoritmo de llevar a cabo una actividad dividiéndola en los procesos
fundamentales del aprendizaje, la adaptación y el desarrollo (Adarkwah, 2024; Huang, et al.,
2024). Por eso, ahora la mayoría de los conceptos que se utilizan en la teoría, no reflejan
adecuadamente el objeto de la realidad que está apareciendo y ya no permiten describir con
precisión estos fenómenos, prever y hacer pronósticos y, en consecuencia, sugerir formas de
desarrollo. Este desequilibrio entre la teoría y la práctica, entre la teoría y la toma de decisiones
cuando se formulan políticas educativas y sobre la pedagogía (Granić, 2025), finalmente conduce a
que el conocimiento académico no pueda juzgarse relevante ni significativo para resolver
problemas en el campo de la gestión educativa.
Los conceptos han de explicar con especificidad la esencia del fenómeno. Por un lado, el
concepto “inteligencia artificial generativa” (GenAI), caracteriza la nueva realidad únicamente
desde el punto de vista tecnológico, porque concibe a un servicio para la creación de contenidos de
manera novedosa y rápida. Por otro lado, al menos en el campo educativo, carece de especificidad
y no explica la nueva ontología de los fenómenos. Por lo tanto, en el campo educativo, genera, por
lo menos, insatisfacción e inseguridad acerca de la situación terminológica. La posibilidad de
explicar este fenómeno utilizando un concepto, se convierte en el objetivo principal del trabajo y de
los análisis. En este estudio, sobresale la imperiosa necesidad de generar el concepto de
“inteligencia artificial comunicativa” (ComAI) como categoría y cómo adoptar un enfoque de
Inteligencia Artificial Comunicativa posibilita nuevas líneas de investigación y nuevas direcciones
de investigación educativa futura y de prospectiva (Makhachashvili, & Semenist, 2024).
En ese sentido, el Constructivismo Comunicativo (CoCo), desarrollado por Aubert et al.
(2008), representa una evolución del constructivismo tradicional que incorpora la dimensión
comunicativa como elemento central en la construcción del conocimiento. A diferencia del
constructivismo clásico que se centra principalmente en los procesos cognitivos individuales, el
Constructivismo Comunicativo reconoce que el aprendizaje es fundamentalmente un proceso social
y comunicativo (Flecha et al., 2001). Esta perspectiva teórica se basa en tres premisas
fundamentales: (1) el conocimiento se construye a través de la interacción comunicativa entre