aquella referida a la inteligencia artificial con su capacidad, que en los últimos años se ha
evidenciado, el de producir enunciados o textos que imitan las estructuras más típicas de los
hablantes de ciertas lenguas naturales (gracias a recursos textuales provenientes, por lo general,
de enormes corpus de textos obtenidos en Internet) (Loayza-Maturrano, 2024 a).
Sobre estos ejemplos, se puede anticipar que la interpretación del lenguaje en el ámbito académico
no siempre se alinea con el uso común del término. En este sentido, la capacidad humana de
lenguaje tiende a mezclarse en algunos contextos con las lenguas naturales, con sistemas de signos
o con el fenómeno de la comunicación. En esta situación, tal vez lo primero sea reconsiderar la
noción de lenguaje que se emplea en cada situación y aclarar de qué estamos hablando en cada
caso, para evitar confusiones —o para trabajar a partir de ellas—. De este modo, podemos proponer
varias hipótesis: quizás no sean solo las lenguas las dimensiones del lenguaje que debamos estudiar
y necesitemos repensar el rol de la semiótica; tal vez se debe explorar un estudio de las lenguas
que no sea necesariamente normativo o prescriptivo, con su correspondiente preocupación por lo
correcto, ni exclusivamente descriptivo, dadas las implicaciones políticas y éticas de lo que se dice
y cómo se dice; probablemente, la investigación sobre el habla, el discurso y la variación lingüística
sea hoy más relevante o urgente que en otros tiempos; y, aunque en su origen pueda parecer
vinculado a la necesidad de transmitir mensajes cuando existe cierta distancia entre personas, no
siempre se utiliza el lenguaje para comunicarnos, algo que a veces se pasa por alto.
Se puede determinar únicamente si el problema es un asunto cuya discusión está resuelta o si
todavía supone una cuestión problematizadora en el presente, solo si se investiga su estado actual,
esto es, si se concibe como un problema de estudio y un objeto de análisis de las ciencias sociales
y las humanidades, así como dentro de los intereses indagatorios de las ciencias naturales o de la
tecnología digital, para darse cuenta de que todavía se considera como una temática de actualidad,
añadiendo diversas maneras de entenderla. Desde los desarrollos en lingüística computacional,
pasando por la "modelización de sistemas dinámicos para crear escenarios evolutivos que sean
compatibles con los hallazgos de la arqueología prehistórica" (François, 2017), hasta los avances
en etología, ecolingüística y el surgimiento de la biosemiótica como un nuevo campo disciplinario,
se nota transformaciones que permiten entender y reconsiderar aspectos esenciales del lenguaje.
Además, surgen con mayor intensidad interrogantes sobre aquello que se pensaba era
exclusivamente humano en relación con la capacidad del lenguaje.
Como se puede observar, este fenómeno continúa siendo, al igual que lo describió Ferdinand de
Saussure hace más de un siglo, "multiforme y heteróclito" (Saussure, 2007, 57). En ese sentido,
sigue siendo objeto de numerosos estudios, aunque ahora no solo desde la filosofía o la lingüística
en todas sus ramas e intersecciones. La filología, los estudios culturales y literarios, las ciencias
computacionales, la biología, la psicología y la antropología evolutiva, entre otras disciplinas,
también tienen mucho que aportar sobre el lenguaje. Seguimos asombrados ante esa naturaleza
heteróclita, ciertamente, pero ahora se posee un mayor entendimiento sobre él y sobre las
perspectivas desde las cuales podemos reconsiderarlo como objeto de estudio. Tal vez exista un
problema mal formulado cuando se asume que hacer preguntas sobre el lenguaje es un acto
obsoleto del siglo XX.
En lo que respecta a la inteligencia artificial, realmente se trata de uno temas predominantes de
nuestro tiempo: desde los temores (quizás no del todo infundados) de perder empleos o capacidades
cognitivas, hasta el entusiasmo de las empresas por simplificar tareas o reducir costos, pasando
por la perspectiva ingenua que ve toda nueva tecnología como intrínsecamente positiva. Este nuevo
contexto nos invita a reconsiderar nuestros roles y el tipo de educación que deseamos, necesitamos
e imaginamos. El inconveniente con ChatGPT, por ejemplo, no es tanto que se convierta en una
herramienta para responder preguntas y elaborar ensayos (con datos verídicos o erróneos), sino
que nos revela que tal vez la clase de preguntas que se está formulando o el tipo de ensayos que se